Solo disfruta.

lunes, 8 de abril de 2013

Realidad.


¿Qué fuerza nos empuja a cometer errores que ya hemos cometido anteriormente?
Parece que nuestro cerebro no se ha dado cuenta de haber fallado y se permite volver a intentarlo con la esperanza de obtener un mejor resultado.
Y por eso el hombre es el único animal que tropieza dos, tres, cuatro o mil veces con la misma piedra. Porque a veces el golpe que nos espera merece la pena por la adrenalina que se produce justo antes de haber tropezado.
Una vez que hemos errado, nos autoconvencemos de que no volverá a ocurrirnos nada semejante. Pero no siempre somos capaces de guiarnos por la razón, y el corazón interviene en algún momento de flaqueza.
Y así es como finalmente, acabamos aprendiendo de nuestros errores. Así es como poco a poco, herida tras herida, cicatriz tras cicatriz, conseguimos dejar de caernos. Conseguimos no volver a meter el dedo en la herida para que ésta no escueza, sino que la tapamos y dejamos que el tiempo sea quien la cure.
Pero es que por mucho que nos duelan, son las heridas las que demuestran que estamos vivos.



Sandra 

viernes, 22 de marzo de 2013

Cambios.


Es increíble como asociamos el sufrimiento o el dolor con la madurez.
Como necesitamos saber que alguien ha tenido que superar muchos obstáculos en su vida para creer que de verdad ha madurado y se ha hecho fuerte.
Se puede madurar por obligación, porque no te queda otro remedio si quieres hacerle frente a todo lo que ocurre a tu alrededor. O se puede madurar poco a poco, aprendiendo de los errores, dejándote guiar por ti, por tus impulsos. 
Creo que ambas son perfectamente válidas. Que como en todo, en esto también tenemos muchos prejuicios. Y los prejuicios no hacen más que reflejar ignorancia.

Me pregunto en qué momento te das cuenta de que has madurado. Supongo que es algo parecido a preguntarse en qué momento te haces mayor, ¿no? Me refiero a que no hay un hecho concreto que lo demuestre. 
Simplemente dejas de divertirte jugando con muñecos. Empiezas a darle importancia a cosas que antes ni siquiera sabías que existían. Las heridas dejan de ser en las rodillas y empiezan a ser en el corazón. La felicidad se resiste y no es tan fácil de conseguir. Sustituyes el: “yo tengo muchísimos amigos” por: “mis amigos puedo contarlos con una mano y me sobran dedos”.  Dejas de crear historias en tu imaginación y de repente empiezas a vivirlas en primera persona.

¿A quién no le gustaría ser como ese Peter Pan sonriente que veíamos cuando éramos pequeños? Ese que no quería crecer, que no quería perder su inocencia
Pero por desgracia, no nos queda otra que crecer, madurar y hacernos fuertes.
Y es que por mucho que nos pese: Cuando uno se hace mayor, se hace mayor para siempre.










 


SANDRA


domingo, 17 de febrero de 2013

Y tu, ¿que esperas?


Cansada de oír “te quieros” vacíos, sin nada detrás, solo un enorme egoísmo y una tremenda manipulación.
Digamos, que es más fácil conseguir algo de alguien “ganándote” su cariño que pidiéndoselo y punto.
Así va el mundo, así sufrimos, así desconfiamos. Pero si es de esta manera como actuamos todos, ¿Qué cabe esperar de la sociedad en la que nos movemos? ¿Esperas que me preocupe por ti cuando he estado hundida en la mierda y tú no has ni preguntado por qué? ¿Esperas una amistad real cuando no haces más que criticar a sus espaldas? ¿Esperar sinceridad cuando eres mentiroso compulsivo?

Sé que es muy fácil ir de víctima. Pero, yo me pregunto, ¿podéis dormir por las noches sabiendo qué vais dando pena por algo que vosotros mismos os habéis buscado?, ¿Realmente conciliáis el sueño? Porque si es así, decidme dónde habéis comprado vuestros colchones, porque son increíblemente eficaces.

No sé si los “te quieros” se desgastan, pero sé que pueden perder valor. Como cuando en el cuento decían: “que viene el lobo, que viene el lobo” y era mentira. Si, el lobo vino, pero ya nadie creía en su palabra. Pues aquí pasa lo mismo. Puede que salga bien las primeras quinientas veces, pero quizás a las quinientos uno, cuando te hayas enamorado, ya nadie te crea.

Siento pena, pena por esas personas que nunca han sabido lo que es un te quiero. Que no han sentido debilidad. Esa debilidad por alguien, que te hace coger tu orgullo, masticarlo y tragártelo solo y exclusivamente porque ese alguien te importa demasiado.


¿Sabéis? querer es poder pero no siempre se puede.









Sandra 

lunes, 28 de enero de 2013

"Patas arriba"


El mundo patas arriba, el sol se escondía entre las montañas, y a la luna no le daba la gana de salir. Las arañas tejían bufandas y las telarañas se desgastaban. Las hormigas descansaban y los peces dejaban de nadar para sacar a relucir sus escamas.

Un arco iris continuo la abrazaba con su color.

El cerrojo de sus lágrimas se abría y se cerraban sus oídos, ya no había sonido audible. Buscaba la luna para sentirse más fuerte y en ese instante se apagaba su aura.

Se arrepentía de cada una de las huellas plasmadas en el barro, pues por alguna extraña razón, no las sentía suyas, les faltaban algo.

Distraída caminaba buscando su contorno, su espalda acariciable, sus labios comestibles, sus suaves manos, su marcado torso, sus brillantes ojos, sus largas pestañas, su latente corazón

Fue entonces cuando despertó y se enamoró del recuerdo de ese mundo, que sin él, había perdido la cordura.




Sandra

jueves, 17 de enero de 2013

Superación.


¿Sabéis? He llorado muchas veces, de hecho soy una “choromicas” que llora con el final de una simple película romántica, que se emociona cuando alguien habla desde lo más profundo de su corazón.Pero os prometo que nunca había llorado con ese dolor.
Recuerdo esos momentos como si hubieran sido ayer mismo.
Recuerdo aquel dolor. Ese dolor como el mismísimo aire que entraba por mi boca. Ese que bajaba por mi garganta desgarrándola poco a poco, tal y como hacen los leones con sus presas. Llegaba a mis pulmones, los cuales invadía hasta dejarlos destrozados. Inundaba cada parte de mi ser, desgarrándolo todo, sin pararse a pensar, sin pedir permiso. Y por supuesto, doble ataque al corazón, bajando poco a poco el volumen de mis latidos, cada vez más bajo, y más, y más… hasta hacerlo incluso desaparecer.

Recuerdo su sonrisa entre lágrimas, su: “no te preocupes, estoy bien”. Recuerdo todas y cada una de las palabras de la historia que me contaba. Recuerdo cada uno de sus suspiros, esos suspiros de “por favor, que esto se acabe ya”. Recuerdo el abrazo que le di, lo único bonito de ese día, junto con su sonrisa, esa que en escasas ocasiones pude ver. Recuerdo no ser capaz de asimilarlo y no reaccionar. Recuerdo la noche en mi habitación oscura. Recuerdo esa noche, esa noche que todavía le debo a mi almohada, por haber estado conmigo.

Hoy, ya pasada la tormenta, lo único que puedo decir es que:

la unión hace la fuerza y sé que a su lado soy mucho más fuerte”






Sandra.


lunes, 14 de enero de 2013

Venga sonríe, es fácil.

Nos pasamos la vida esperando a que alguien entre en nuestra vida o preocupándonos porque alguien salga de ella. ¿Y si dejamos eso a un lado y disfrutamos de lo que ya tenemos?
¿Quien no se ha dado cuenta de cuanto quiere a una persona justo cuando se aleja o desaparece? Por eso hay que darlo todo día a día, como si fuera el último.
Porque todo es efímero, está amenazado por una próxima desaparición que no se sabe cuando puede llegar, quizá cuando te des cuenta sea demasiado tarde. 
Diréis que soy demasiado positiva, o que solo lo soy para escribirlo aquí y que quede bonito. Pero es que si no pienso así, si no soy positiva, ¿que sentido tiene todo esto?.
Sé que a veces todo se desmorona y no tenemos ganas de seguir, pero también sé que siempre hay algo o alguien, sobre todo alguien, que te hace resurgir de ese pozo en el que te habías metido.
Hoy me apetece luchar, me apetece decir que tengo lo que tengo, porque me lo he ganado y que lo que he perdido, lo he perdido porque tenía que ser asi. Me apetece sonreír y contagiar mi sonrisa. Me apetece hacer tonterias y que me digan: "eres una payasa...". Me apetece ser feliz.
Porque... ¿que queréis que os diga?, para vivir sin ilusión, prefiero no hacerlo.


Espero que os haya gustado el vídeo, quería demostrar que una simple tarde haciendo el tonto con ellas, puede ser una de las mejores cosas.
Ellas ya saben que las quiero, pero nunca está de más repetirlo: "os quiero preciosas" 
Una vez más, gracias por leerme (L)

Sandra

domingo, 6 de enero de 2013

Piénsalo.


Vamos tachando día a día los números en el calendario, vamos cambiando de altura, de físico, de talla, de lugar, y sobre todo, vamos cambiando nosotros mismos, nuestra forma de ser y de pensar a medida que crecemos.
En los 18 años que llevo aquí, se me ha ido demostrando lo que es el egoísmo, y últimamente me ha dado mucho que pensar.

En la Real academia española lo definen tal que así: "Inmoderado y excesivo amor a sí mismo, que hace atender desmedidamente al propio interés, sin cuidarse del de los demás."

Desde pequeños alimentamos a nuestro ego como si de un perro se tratara. Como todo, empieza siendo pequeño, insignificante, pero a medida que le damos de comer, crece.
Crece hasta tal punto que no podemos con él, y por miedo, no podemos parar de alimentarlo.
Es como un pozo sin fondo, nunca se sacia, nunca se siente satisfecho.
Y es entonces cuando te das cuenta de que te sientes solo. Que has conseguido todos tus propósitos, pero no te saben a nada, porque tu egoísmo no te ha dejado a nadie con quien compartirlos

Necesariamente en nuestra vida, debemos preocuparnos por nosotros mismos, porque de no hacerlo, corremos el riesgo de que nadie lo haga. De todas formas, yo personalmente me siento mejor cuidando a las personas importantes para mi y descuidándome un poquito a mi misma. Porque su felicidad, al fin y al cabo, es mi propia felicidad.


Os dejo la foto de mi peque, porque sé que es al que más tengo que cuidar :) 
SANDRA