Solo disfruta.

martes, 14 de enero de 2014

Distancia.

Creo que nadie es capaz de acostumbrarse a la distancia.
Cuando estás lejos de tu casa, de tu gente, de tu vida. Sientes esos kilómetros, que sean muchos o sean pocos te separan de ti, de lo que eres.
No solo es complicado estar lejos. También se hace complicado volver. Sentirte fuera de lugar.
El miedo a pensar que todo ha cambiado en tu ausencia, las personas que han podido sustituirte y los recuerdos que no han desaparecido de tu cabeza, se hacen aún más reales y recientes.
Ese sentimiento de soledad, de no encajar en un sitio es lo que hace que odiemos la distancia.
Pero también he de decir que la distancia hace florecer los sentimientos más reales.
Las despedidas son mucho mas duras, pero también los reencuentros mucho mas bonitos. Hace que odies las estaciones de tren, pero también hace que te sientas como en tu casa en ellas.
El ver las cosas desde otra perspectiva te hace madurar, te hace ser consciente de que todo lo que hasta ahora era tu vida, en realidad es una parte insignificante del enorme mundo en el que vivimos.
Te demuestra más que nunca que la gente viene y va. Y que los que se quedan son los de verdad
Consigue que las personas que te rodean sean tan importantes que lleguen a ser como tu familia. Será en quienes tengas que confiar, quienes te harán reir, con quienes tendrás que llorar, quienes te abracen y quienes te digan lo que estás haciendo mal.

Pero cuando de verdad encuentras tu sitio, no existe una sensación mejor. El que haya sido difícil,hace que adquiera mucho más valor. Y es entonces cuando le encuentras sentido a todo. A la distancia, a echar de menos, a perder a algunas personas y a encontrar a otras nuevas, a cometer fallos y ser capaz de corregirlos, a tener que hacer y deshacer maletas, a subir y bajar de un tren o un autobús, a todo aquello, que al fin y al cabo hace que la experiencia sea algo realmente especial





(Algunas fotos de mi viaje a Amsterdam y Bruselas en navidad :D)


Sandra 

sábado, 30 de noviembre de 2013

Adelante.

Nuestra vida se basa en tomar decisiones. Ya sea de forma consciente, pensando en todo lo que ello supone o de forma inconsciente, es decir, automatizada.

Existen dos caminos en estas decisiones. Un camino fácil que nos hace sentirnos seguros y otro camino más difícil que nos produce un miedo aterrador.
Por desgracia, no siempre lo seguro es lo que nos hace sentir mejor, sino todo lo contrario. Piensas que eres débil porque el miedo puede contigo y no eres capaz de plantarle cara.
Y ese suele ser nuestro mayor problema. El miedo.

El miedo no es algo palpable, no es algo que se pueda curar tomando un medicamento, no es algo que se pueda medir, ni algo que se pueda comparar.
El miedo simplemente es una barrera. Una barrera que muchas veces nosotros mismos creamos, haciendo “grande” algo que a veces ni siquiera tiene importancia. Éste puede con nosotros, nos controla, nos impide actuar como de verdad nos gustaría, nos paraliza...

Últimamente, me he dado cuenta, por una serie de cosas que ser capaz de vencer el miedo, es lo que te hace sentirte mas fuerte. Hace que aparezca en ti una sensación de poder. De ser capaz de elegir en tu vida ocurra lo que ocurra. Consigue que te consideres capaz de todo. Crees que si has sido capaz de escoger el camino difícil, de luchar contra el miedo y ganar la batalla, puedes con todo.
Y realmente es así.
Como dijo Paulo Coelho: “Sólo una cosa vuelve un sueño imposible: el miedo a fracasar”.

Yo, realmente no se si existe un límite. Porque nunca es todo tan blanco, ni todo tan negro. Quizá una persona que no tuviera miedos sería “peligrosa”, porque no existiría nada que le impidiera hacer determinadas cosas, y tal vez eso sea contraproducente.


Pero también pienso que nos han dado una vida, y está para vivirla no para tenerle miedo.


Sandra

martes, 29 de octubre de 2013

He vuelto.

Llevo tres meses sin escribir porque no tenía nada bueno que decir. En realidad tampoco lo tengo ahora pues perder  a una persona importante en tu vida no es motivo de felicidad, sino todo lo contrario.
A pesar de ello, no quiero abandonar esto, no se si alguien lo lee o si alguien ha echado en falta mis textos de principiante, pero decidí crear el blog para empezar una nueva etapa  y no quiero cerrarla de repente, sin darle una nueva oportunidad.
Así que aquí estoy, con muchas reflexiones en la cabeza pero incapaz de expresarlas aquí, y es que cuando tienes tanto que decir, es difícil encontrar la forma de hacerlo.
En estos dos últimos meses han aparecido muchas personas nuevas en mi vida. Personas que me han visto mal y que han sido capaces de ofrecerme su cariño sin obtener nada a cambio. Eso es lo que me ayuda a no perder la esperanza, a intentar buscar la parte positiva de todo esto en lo que me veo envuelta.
Reconozco que es difícil entenderme, porque en realidad ni yo misma me entiendo. Pero yo personalmente pienso que todo el mundo que piensa, reflexiona y se para a pensar en las cosas que de verdad merecen la pena, tiene esta clase de “crisis mentales” en las que no saben por dónde tirar, que dudan hasta de su nombre y creen que nadie les comprende.

Es hora de salir adelante sin mirar que dejamos atrás. Es el momento de sacar fuerzas de donde sea.

Sin olvidar la paciencia, pues tirarnos al abismo sin un paracaídas es un riesgo que no todos estamos dispuestos a correr.





SANDRA

jueves, 25 de julio de 2013

Galicia está de luto.

Tengo esta tragedia tan metida en la cabeza que no he podido escribir sobre otra cosa.

Sé que es cierto, que los que no tenemos familiares o amigos implicados en ello no podemos sentir ese sufrimiento insoportable que debe sentir toda esa gente. Que gracias a un pasatiempo o a otro, podemos desconectar de todo esto.
Pero se me parte el alma cada vez que veo las imágenes de lo sucedido. Cada vez que mínimamente me pongo en la piel de todos los afectados. Y sobre todo cuando me doy cuenta de lo frágiles que somos, de lo fugaz que puede ser la vida.

Pienso en la gente que ha logrado sobrevivir, esa gente debe de sentir que ha renacido. Que su vida vuelve a comenzar… Verte tan cerca de la muerte tiene que hacerte reflexionar de una manera bestial. Pero también pienso en el daño psicológico que todo ello puede haberles causado. Eso no se elimina con una operación o una cura. Eso es algo que queda dentro, tatuado en el alma.

Pienso en toda la gente que ha muerto, en todas las cosas que les quedaban por hacer, por vivir. En todas sus ilusiones, las metas que conseguir. En las pequeñas cosas, en los sitios que aún no habían visitado, los libros que no habían leído, los abrazos que no habían dado, las conversaciones que habían dejado a medias, todas y cada una de las cosas más cotidianas que ya nunca más podrán realizar.

Y sobre todo pienso en toda la gente que estaba tan vinculada a ellos, ya sean familiares, amigos, novios...Eso sí que tiene que ser insoportable. La incertidumbre, la falta de información, las horas de espera, el no tener hambre, el no tener ganas de nada, solo de saber que les ha pasado a esos seres tan queridos.

Lo único que mi mente no es capaz de imaginar es ese momento en el que les comunican que esa persona ha fallecido. Creo que eso no se puede describir, y muchos menos yo, que nunca lo he vivido.

Desde aquí mando muchísimo ánimo a todas esas personas que se han visto afectadas. Se ha demostrado que Galicia es fuerte y está unida y esto es algo que nos marcará siempre. Me siento muy orgullosa de ello, y sobre todo, me siento más gallega que nunca.


Sandra.

viernes, 19 de julio de 2013

Mirar atrás es de cobardes.

Parece que el mundo vive con prisa. Que 24 horas no son suficientes al día. Que necesitamos un aumento, pero un aumento de tiempo.


Tiempo, como la arena. Arena que intentas sostener entre tus manos pero no hace más que escurrirse a toda velocidad.


El tiempo no va a esperarte y mucho menos va a volver a recogerte.


El tiempo es ese algo que aunque nos pese, no podemos controlar. Podemos intentar administrarlo, pero no podemos controlar su ida. Su fuga. No va a volver. O eso me han dicho.


A veces da miedo lo rápido que podemos sentir que pasa, y otras agobia lo lentos que desaparecen los segundos en el reloj.

Lo si que está claro, es que más rápido o más lentoun día más es un día menos.






SANDRA

martes, 4 de junio de 2013

ÉL.

No me dejes pensar. No dejes que ese pequeño huequito abierto en mi corazón se llene de recuerdos, de todo el dolor que quiero superar. No dejes que se derramen mis lágrimas en tu hombro mientras me abrazas.
Consigue con tus besos evadirme del “ayer” y traerme de vuelta al “hoy”. Consigue dormirme acariciándome el pelo mientras escucho tu relajada respiración.
Sumérgete en mi ser demostrando todo el amor que nos tenemos.
Dejemos volar la imaginación labrando impacientemente nuestro supuesto futuro.
Permíteme regalarte mi alma en forma de secretos guardados en la profundidad de mi ser. Permíteme prometerte la luna y conseguirla para ti.
Deséame, deseémonos.
Pídeme que muestre mi sonrisa, déjame prometértelo y prohíbeme incumplirlo.
Acude a mí sin pensarlo y oblígame a que realice la misma acción.
Bésame hasta desgastarnos y luego repítelo de nuevo.
Ámame hasta quedarte sin fuerzas reclamándome que sea recíproco.



SANDRA 

miércoles, 15 de mayo de 2013

Corazón pensando, cabeza sintiendo


Todo lo que pasa es por algo. Tal vez solo hay que decantarse por un adversario en el duelo “cabeza-corazón”
La racionalidad está sobrevalorada pues al final, consciente o inconscientemente es el corazón quién manda.
Poco a poco, sin querer, todo nos devuelve a nuestros instintos. A todo aquello que dejamos sin resolver o de lo que huimos.
Pues este mundo nos dejó un huequito que tenemos que dejar impecable en el momento de abandonar, ya que será otro quien disfrute nuestro lugar cuando faltemos.
Por este motivo volvemos a enfrentarnos a situaciones parecidas. Es una nueva oportunidad para dejarlo todo como estaba. Sin causar estragos, sin llevarse nada por delante.
La vida es larga o corta según la mires. De la misma manera que hay minutos eternos, hay minutos que parecen inexistentes.
Todo es relativo, por eso nuestra cabeza no posee siempre la verdad absoluta.
¿Cuántas veces es nuestro bombeante corazón el que nos lleva al final del laberinto, a la salida, a ver el sol…?
No podemos apostar estando seguros de que vayamos a ganar porque realmente eso ya no sería una apuesta.


Y, queridos amigos, el que no apuesta, no gana.







SANDRA